miércoles, 15 de junio de 2011

Encuentro

Sórdidos son los sonidos de los huesos. Ya no humean… quedan solo en silencio.
Hay una línea que delimita mi sangre de mi cuerpo. Esas venas ya tienen su propia muerte. Una a una, resta a la otra. Yo quedo sin la vida y sin la muerte. ¿Qué es ese estado?
Ya no hay ningún fragmento de mí que sea mío. Todo se lo ha llevado... todo, por cada encuentro.
Mis manos cada vez más pesadas me tiran y no para arriba.
Caigo, entre pisos de cemento…barro, agua. Pero no hay nada. No encuentro.
Mi piel se impregna a cada polvillo del suelo. Me ahogo. Me uno. Ya no me diferencio. Ya no me encuentro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario